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Resumen
- 04/12/2004 00:29 - La comisión cuántica
- 11/12/2004 02:46 - Clifden Notes
- 18/12/2004 00:17 - El archivo
- 25/12/2004 02:35 - Un dios que me visite
04/12/2004
La comisión cuántica
"Aparte de su momento y espín, cualquier electrón en el universo es exactamente igual que cualquier otro electrón: si se ha visto un electrón, se han visto todos".Steven Weinberg. El sueño de una teoría final. La búsqueda de las leyes fundamentales de la naturaleza.
Hace unos días, La opinión alternativa publicaba, con el título de "Realidades paralelas", un breve resumen de las reacciones de los medios de comunicación a la declaración de José María Aznar en la comisión del 11M. A la vista de las diferentes interpretaciones recogidas en este resumen, no parece desacertada la elección de dicho título. A fin de cuentas, como bien señalaba La opinión alternativa, se podría decir que vivimos en un país donde coexisten realidades paralelas.
Para entender mejor esta posibilidad (la existencia conjunta de diversos mundos interpretativos), podemos acudir a los métodos fijados por las ciencias sociales habituales (incluida la filosofía) o a los análisis más agudos de columnistas sagaces dedicados en cuerpo y alma a este tipo de asuntos. El problema, a mi entender, es que estos niveles de comprensión no ayudarían demasiado en la tarea de definir por qué ocurre lo que ocurre; en el fondo, no harían más que certificar una vez más la existencia de diversos criterios dispares, de reacciones enfrentadas, encontrándonos una vez más (una y otra vez) al comienzo del laberinto. Hablar de "Realidades paralelas" es hablar de mundos múltiples, pero también podemos entender este concepto como una superposición de estados de una complejidad inimaginable (Niels Borh: la interpretación de Copenhague), y es entonces, sólo entonces, cuando estamos en condiciones de intentar comprender la dificultad verdadera de este problema. En una palabra: estamos pidiéndole a gritos a la física teórica un modelo de realidades paralelas más apropiado para nuestro juego, una jaula científica siempre a nuestra disposición y a la medida exacta de nuestras capacidades. Ser capaces de entender que el gato enjaulado (el gato que permanece en la jaula: el gato de Schrödinger) está en ocasiones vivo y en ocasiones muerto, gato y superpuesto, simultáneamente, es comprender que estamos hablando de partículas elementales y que debemos encontrar las herramientas correctas para no acabar extraviados; que estamos hablando de los muchos mundos posibles y que este territorio sólo puede ser entendido desde las leyes universales de la mecánica cuántica.
La Teoría de los Mundos Múltiples (Relative State Formulation of Quantum Mechanics) fue formulada por el físico Hugh Everett III en 1957 y, desde entonces, ha entrado a formar parte de la cultura popular a través de ensayos de divulgación científica y novelas de ciencia ficción. En un lugar de un universo único –plantea Everett- habría un "multiuniverso" que englobaría a su vez una infinidad de universos paralelos, y sólo así cabría entender que, ante un mismo hecho, diferentes observadores obtuvieran conclusiones tan dispares y tan enfrentadas. Es decir: sólo así seríamos capaces de entender que, el observado (José María Aznar, en este caso), nos diga en ocasiones la verdad, y en otras, simultáneamente, nos esté contando una mentira.
En principio, debemos abandonar todo intento de analizar lo sucedido en la comisión de investigación desde una perspectiva ordenada por las leyes de la mecánica clásica: de ahí procede nuestro error inicial y nuestra posterior e inesperada sorpresa; en este caso, me temo, Isaac Newton no nos sirve de nada. Más bien deberemos forzar la imaginación y suponer que pueden aplicarse a niveles macroscópicos los métodos de análisis propios de los niveles microscópicos. He de reconocer que esta infección ficcional puede parecer descabellada, pero es una posibilidad no descartada del todo por muchos de los protagonistas de la física contemporánea.
Si, en lugar de José María Aznar, expresidente, lo que tenemos delante (dentro de una caja, es decir, dentro de la comisión de investigación) es un átomo denominado José María Aznar, podemos comenzar a detallar en realidad qué es lo que estamos observando, dando por sentado que estamos ante un experimento aleatorio del mundo microscópico, e imaginando, en esta ocasión, que José María tiene las mismas propiedades que un átomo. Suponer que un átomo puede estar en uno de los dos estados mutuamente excluyentes es hablar del "espín" de un átomo que puede tomar, como todo el mundo sabe, dos valores bien diferenciados: "arriba" y "abajo". Si abrimos la caja, o penetramos dentro de la comisión de investigación que asemeja la caja, veremos el átomo en una de las dos posiciones posibles, y si repetimos muchas veces el experimento, preparando el átomo en el mismo estado inicial, comprobaremos que la mitad de las veces aproximadamente el espín está para arriba y casi la mitad de las veces para abajo. La posición "arriba" corresponderá a la versión de los hechos donde el átomo dice la verdad; la posición "abajo", en cambio, será la postura donde la mentira campa a sus anchas. Teniendo en cuenta que la mecánica cuántica admite la posibilidad de que el átomo esté en una superposición de estados antes de ser observado y en un estado definido después de ser observado, no resulta difícil comprender que las versiones de un mismo discurso (entendido, en esta ocasión, como función de onda) serán percibidas por los interlocutores del átomo de manera distinta. Por otra parte, no conviene olvidar que los observadores del átomo se encuentran también dentro de la caja y que, por tanto, su comportamiento en principio es el mismo que el del átomo, con lo que tendremos una variedad de posiciones interrelacionadas que nos acercarán sin duda a la resolución del problema. Es decir, a la posición "verdad" del átomo le corresponderá en primer lugar la posición "verdad" del interlocutor y, más tarde, la posición "mentira" del interlocutor; a la posición "mentira" del átomo le corresponderá primero la posición "verdad" del interlocutor y, más tarde, la posición "mentira" del interlocutor. Y así hasta el infinito. Al final, acabadas las observaciones, Yu Tsun intentará engañar de nuevo al implacable Richard Madden asesinando al sinólogo Stephen Albert, mientras los alemanes esperan impacientes el nombre de una ciudad o un signo definitivo. El secreto de la novela de Ts’ui Pen acabará como siempre en manos de su bisnieto y Yu Tsun comprenderá al fin que el libro es en realidad el laberinto y el laberinto no es espacial como se creía, sino temporal. El jardín –pensará Yu Tsun- es la imagen del universo tal como lo concebía Ts’ui Pen, y el mundo es un jardín de senderos que se bifurcan. Madden, por su parte, concluirá la investigación con una verificación desoladora: visto lo visto, a la hora de manipular, manipularon todos.
Concluida esta fase aún podremos acudir a una pregunta filosófica: ¿Dónde estamos cuando escuchamos música? Peter Sloterdijk plantea este interrogante en su Extrañamiento del mundo y, gracias a su intuición, procede a relatarnos esta respuesta:
La especificación del lugar sigue siendo vaga; sólo es seguro que, durante la audiencia musical, no se puede estar nunca del todo en el mundo.
Es decir, si planteamos para finalizar una pregunta del tipo: ¿Dónde estamos cuando escuchamos hablar a nuestros políticos?, la respuesta será del mismo tipo que la expuesta por Sloterdijk: un lugar sin identificar que, en todo caso, no está del todo en este mundo. Aun así, escuchando música siempre permanecemos en una casa de madera, acariciados por el fuego de la chimenea; escuchando a nuestros políticos, en cambio, nos encontramos en una habitación perdida, fría y desangelada. En ambos casos, no obstante, estamos ante realidades paralelas, ante mundos múltiples. Uno para cada necesidad, uno para cada caso, y así hasta el infinito.
04/12/2004 00:29 #. Hay 5 comentarios.
11/12/2004
Clifden Notes
"Sólo los budistas observaron que al fin y al cabo las reflexiones del Buda se basaron al principio en la toma de conciencia de esos tres impedimentos que eran la vejez, la enfermedad y la muerte, y que el Venerado por el mundo, si bien se había dedicado más bien a la meditación, no habría rechazado a priori, necesariamente, una solución de orden técnico."Michel Houellebecq - Las partículas elementales.
Mañana de diciembre. Frío intenso. Luminosidad escasa. El vagón 237 se asemeja a un perro salchicha infestado de pulgas. Cada pulga con su destino definido. Cada pulga con su sueño en marcha. Cada pulga con la mirada perdida a través de las ventanillas o con los ojos en las páginas de un diario gratuito. De un tiempo a esta parte, la proliferación de diarios gratuitos provoca una imagen uniforme que multiplica la uniformidad de las pulgas. Agotado el diario de la primera hora (ése que reparte amablemente una chica rubia con un chaleco verde) todos los habitantes del perro salchicha comparten una misma crónica parlamentaria, la misma sopa de letras, las mismas páginas de deportes o la misma portada. Las reacciones, por tanto, son también uniformes; nadie se mueve a destiempo, nadie se sale del cuadro. No hay risas en un extremo del coche o comentarios inteligentes en la cabecera; todo pertenece a un mismo ritmo. Si esperamos un movimiento extraño que altere la uniformidad del conjunto estamos perdiendo el tiempo. Una misma idea reposa, dormida, en la mayoría de los regazos; pero no parece que ésta vaya a provocar un seísmo inesperado. No obstante, la portada de esta mañana dice mucho con muy poco esfuerzo: el hambre mata cada año a cinco millones de niños en el mundo. ¡Qué barbaridad! Quizá podría esperarse, ante la gravedad del asunto, un pequeño murmullo, un tumulto, una reacción en cadena; pero no, nadie se mueve, nada de gestos. El vagón 237 se asemeja a un perro salchicha infestado de pulgas. Luminosidad escasa. Frío intenso. Mañana de diciembre. En cambio, mi diario es de pago, y puedo saltar sobre la portada con la elegancia sublime de un atleta olímpico. Lo peor, sin embargo, llega en la primera página del suplemento dedicado a Madrid: un coche que circulaba en sentido contrario causa un choque frontal con tres muertos en la A-1. Un conductor suicida (un desarreglo psíquico, una apuesta); un matrimonio a bordo de un Renault Safrane, de vuelta de sus vacaciones. "Le hemos visto desde San Agustín de Guadalix. Le hemos pitado, le hemos dado las luces y no nos ha hecho caso. Ha llegado a provocar dos trompos a dos coches antes del accidente", explicó, a propósito del conductor que provocó el siniestro, el camionero que rescató a los niños.
Cuando, en julio de 1999 (con motivo del Simposio Internacional "Jenseits des Seins, Exodus from Being, Philosophie nach Heidegger", en el marco de las jornadas del Castillo de Elmau sobre "La filosofía en el final del siglo"), Peter Sloterdijk pronunció su famosa conferencia "Reglas para el parque humano", anunciando la terrible lucha de titanes entre los impulsos domesticadores y los embrutecedores y entre sus medios respectivos; cuando Sloterdijk proclamó que no bastaba con la domesticación educativa de los hombres y con el establecimiento de amistades con las letras; cuando Sloterdijk, en definitiva, nos indicó la necesidad de afrontar cuestiones como la reforma genética de las propiedades del género, la futura antropotécnica orientada a la planificación explícita de las características del género humano, o la extensión por toda la especie del paso del fatalismo natal al nacimiento opcional y a la selección prenatal (todo ello como preguntas del horizonte evolutivo que comienza a despejarse ante nosotros), hubo quien no tardó en acusar al filósofo alemán de elevar la tecnología genética a dominante cultural de nuestro tiempo con un discurso cargado de retórica fascista. ¡Qué bueno! Pensaba en todo ello viajando como un atleta olímpico en el vagón 237, saltando portadas y saltando inevitables sensaciones; evitando los obstáculos. Es decir, haciendo como que las cosas no iban conmigo. El vagón 237 se asemeja a un perro salchicha infestado de pulgas, de pulgas insensibles; pero no necesariamente de pulgas culpables. Al parecer, existen evidentes defectos de fabricación, cosas sencillas a tener en cuenta; pero ¿alivia esto el dolor? El defecto de fábrica, además, es también reconocido por el poeta:
Sin embargo, no despreciamos a esos hombres;
Sabemos lo que debemos a sus sueños,
Sabemos que no seríamos nada sin la mezcla de dolor y alegría que fue su historia,
Sabemos que llevaban nuestra imagen dentro cuando atravesaban el odio y el miedo, cuando chocaban en la oscuridad.
Cuando escribían, poco a poco, su historia.
Sabemos que no habrían sido, que ni siquiera podrían haber sido, sin guardar en el fondo de su corazón esa esperanza.
Claro está que, el poeta, un gran poeta, escribe estas líneas desde la segunda (o tercera) generación después de la mutación metafísica. El plan diseñado por Michel Djerzinski, investigador en biología, monje científico, se ha cumplido hasta sus últimas consecuencias. Ahora, sobre los muros de la ficción y la verosimilitud, aparece escrito el lema inaplazable de un proyecto: LA MUTACION NO PUEDE SER MENTAL, SINO GENÉTICA. Las partículas elementales cuentan esta historia, la historia de la última revolución pendiente. Aquí el dolor es tan sólo un recuerdo:
Hemos roto el vínculo filial que nos unía a la humanidad, y estamos vivos. Según los hombres, vivimos felices; cierto que hemos sabido superar los impulsos, para ellos insuperables, del egoísmo, la crueldad y la ira; de todos modos, vivimos una vida distinta. La ciencia y el arte siguen existiendo en nuestra sociedad; pero la búsqueda de la Verdad y de la Belleza, menos estimulada por el aguijón de la vanidad individual, tiene un carácter menos urgente. A los humanos de la antigua raza, nuestro mundo les parece un paraíso. De hecho, a veces nos damos a nosotros mismos -de manera, eso sí, ligeramente humorística- ese nombre de "dioses" que tanto les hizo soñar.
No obstante, de vuelta al periódico, una figura sobresale del resto del relato (un héroe: un camionero) con una fuerza especial que ennoblece toda la escena y hace posible la reconciliación. El hombre, ante las llamas, multiplica su factor humano: el extintor, una navaja para cortar los cinturones de seguridad: dos niños, a salvo de morir carbonizados. Después de esto ¿podemos añadir que ha fracasado del todo la ilustración humanista? Este hombre ¿fue correctamente educado o ya era humano a pesar de todo? Educar o domesticar, he ahí la cuestión, porque, como dice Fernando Savater, el fin es siempre el mismo:
reinventar lo humano -es decir, una sociabilidad amistosa que repudie mayoritariamente la tentación feroz de la violencia intraespecífica- a partir de un nuevo planteamiento persuasivo, de otra forma de doma de alta escuela.
Al final del relato, quedan millones de niños esperando una respuesta y, más cerca, dos niños que conocerán irremediablemente el sentido de la separación y del dolor, el significado primario del dolor. Muchas de las páginas de Las partículas elementales están escritas desde el conocimiento del dolor, de la angustia y de la insignificancia humana; de ahí la luz, a veces oscura, que se desprende de sus páginas. El budismo y la genética unen a Peter Sloterdijk y a Michel Houellebecq como a dos gemelos necesarios. Mientras tanto, la vida continúa en el vagón 237. Al parecer, según las estadísticas, seguimos avanzando.
11/12/2004 02:46 #. Hay 8 comentarios.
18/12/2004
El archivo
Cada vez que cumplo años (años de presencia continua, de acercamientos voluntarios a los hechos y a las cosas, de dudas y preguntas dibujadas en la pantalla de la realidad virtual y compartidas con amigos y extraños), siento la tentación (no sé bien por qué motivo) de hacer recuento y balance de todo, de juntar lo resumido en breves notas manuscritas, en apuntes de polvo y rabia, en cadenas apresuradas de lógica, inaugurando y organizando un nuevo y aparentemente definitivo archivo, un archivo destinado al mismo fin al que acaban condenados todos mis archivos. Uno puede organizar un archivo de la manera más insospechada, porque un archivo (si es ante todo un buen archivo) es una caja sin fondo que permite todo tipo de presencias y todo tipo de combinaciones. Aby Warburg, por ejemplo, organizó más de 2000 imágenes en 79 tablas, en su proyecto Mnemosyne Atlas, en un intento por ordenar las constantes simbólicas a lo largo de toda la Historia del Arte. Y, menos ambicioso, Pablo Cruz Aguirre, un publicista argentino, lleva más de 15 años recogiendo fotografías de la basura y de las calles de Buenos Aires, dando vida a un curioso almacén de retratos, parejas y familias completamente anónimos. Un archivo, como señala Domingo Hernández, a propósito del archivo de Gerhard Richter, es un conjunto de heterogeneidad y homogeneidad, de identidad y diferencia, de fragmentación y totalidad; un producto donde el todo y las partes continuamente forcejean y se resisten a mostrar un acuerdo tácito. Dos meses antes de que se levantara el muro de Berlín, Richter emigró a Alemania Federal desde Dresde, su ciudad natal, donde había estudiado la carrera de Bellas Artes. Desde entonces, y dado que destruyó buena parte de la obra que había realizado en Alemania del Este, viene trabajando en un Atlas o archivo de fotografías y bocetos que suma ya unas 5000 imágenes en más de 650 paneles. Si les interesa el tema, les aconsejo la lectura del artículo de Domingo Hernández.
El por qué de un archivo pasa siempre por las mismas necesidades: pasado y memoria, identidad y autoridad, información y poder; pero también pueden echar un vistazo a su cajón de las fotografías de toda una vida, a la estantería donde guardan sus viejas cintas de video, a sus flamantes archivos informáticos: seguro que, donde menos lo esperan, se encuentran con una sorpresa. El Atlas de la memoria nos lleva de Michael Serres a Bernd y Hilla Becher, de Walter Benjamin a Christian Boltanski, Hannah Höch, Matt Mullican o Hans Peter Feldman. Si regreso a mis antiguos archivos, ¿qué deseo en el fondo? ¿La pretensión de totalidad en momentos de crisis? ¿El reencuentro con un desconocido?
Hace ahora unos años, un viejo amigo residente en los Estados Unidos logró la hazaña de componer (con los restos de la memoria, y con diferentes materiales de derribo y de esperanza) un extraño archivo que, en general, cumplía con las características que hacen de un archivo algo cercano y necesario. La visión de la transición española, desde la óptica de un grupo de militantes de la extrema izquierda (entonces apenas adolescentes, entre 1975 y 1980), fue uno los trabajos más difíciles, y a la vez más divertidos, a los que jamás me he enfrentado. Imágenes, sonidos y palabras (eso sí: dispersas y fragmentadas; definitivamente inconclusas) completaron un cuadro donde la historia oficial fue sustituida por la historia particular de una barriada obrera y de sus hijos más problemáticos. Mucho ha llovido desde entonces pero, la función del archivo, en este caso, siempre estuvo completamente clara: la interpretación de la lluvia por aquellos que, a pesar de las dificultades, también se mojaron; por aquellos que, además, nunca acabaron apareciendo en los libros de historia:
Los grandes humoristas y los grandes cómicos, de Cervantes a Sterne o a Buster Keaton, nos hacen reir con la miseria humana porque también la descubren y en primer lugar en ellos mismos, y esta risa implacable implica una amorosa comprensión del destino común.
Mientras Claudio Magris deambulaba por el Danubio (fue mi lectura favorita durante la organización del archivo: de ahí su cita), nosotros destrozábamos, a duras penas, la leyenda construida en la memoria, y aprendíamos a reconocernos un poco más humanos. Eso sí, el archivo se demostró con el tiempo poco menos que imposible, incierto, y a veces inaudito. ¡Quién sabe!, quizá por aquello de la pluralidad de lo real, o quizá porque, sin saberlo, estábamos dando cumplimiento a aquello que en su momento ya anticipó Derrida: si es un buen archivo, debe ser por esencia inacabado, abierto e imperfecto:
Y sí, efectivamente, la historia -ese género narrativo que a veces se nos antoja fácilmente manipulable-, la historia, decía, oficial o no, registra acontecimientos de un innegable valor o interés para la investigación que ahora nos ocupa. Aquí, en este Archivo, sólo se recogen algunos episodios. Veinte años, a pesar de lo que sugiere el tango, son toda una vida. Y el relato de toda una vida, de detalle en detalle, de microcosmos en microcosmos, nos obligaría a renunciar a la presente, condenándonos, como archiveros mayores de la memoria, a trabajar agotadoramente, indefinidamente, día y noche por los años de los años infinitos.
Con estas palabras disculpaba yo la paralización de un archivo que nació con vocación de telaraña. Ahora, restringido tan sólo a este último año, un nuevo archivo se abre a la inmensidad de todo lo ya archivado: La insoportable levedad del weblog: 365 días en la Red. Queda saber si seré capaz de juntar otros 365 días con sus respectivas noches. En caso contrario, lo único que cambiará serán los materiales del archivo, porque el archivo, como la galaxia, posee anaqueles infinitos.
***
(Hace ya algún tiempo, Hans Magnus Enzensberger escribió lo siguiente:
Hay asimismo otra ventaja en la red de ordenadores: su ilimitada capacidad de almacenamiento, que no carece de su lado oscuro. En efecto, el rapidísimo ritmo de innovación tiene por consecuencia la reducción de la vida media de la tecnología de almacenamiento. Los National Archives de Washington ya no están en condiciones de leer registros electrónicos de los años sesenta y setenta. Los aparatos que serían necesarios para ello se han extinguido hace mucho. Los especialistas que podrían convertir los datos a formatos actuales son raros y costosos, de modo que hay que dar por perdida la mayor parte del material. Es evidente que los nuevos medios disponen tan sólo de una memoria reciente técnicamente limitada. Las implicaciones culturales de este hecho no han sido reconocidas todavía. Es probable que todo esto conduzca a que cada vez más podamos retener las cosas durante un tiempo cada vez más breve.
Desde que comencé a publicar en Internet he perdido la pista de tres o cuatro trabajos, colgados en su día en sitios que ya no existen; asimismo, he dado de baja un blog repleto de buenas intenciones. Toda esta información, ¿en qué agujero negro del ciberespacio se encuentra ahora? ¿Podremos recuperarla algún día? Cayetano Lupeña, hace unos días, me aconsejaba la posibilidad de colgar mis artículos en el grupo de noticias es.humanidades.arte, en ese lugar protegido por Usenet, porque allí, me decía Cayetano, estos trabajos no desaparecerán jamás. Mi analfabetismo digital me impide comprender el funcionamiento de estas herramientas, pero estoy seguro que siguiendo la pista de Cayetano acabaré diferenciando el trigo de la paja. Un lugar de reposo permanente significaría la culminación del archivo, la eternidad del texto y el recurso vengativo del recuerdo. Aunque, llegado el caso, como dice Todorov, no conviene abusar demasiado de la memoria: una vez restablecido el pasado, ¿para qué puede servir, con qué oscuro fin, a quién podría interesarle?)
18/12/2004 00:17 #. Hay 6 comentarios.
25/12/2004
Un dios que me visite
Ayer, a estas horas, desde la más rigurosa incredulidad, desde los cuerpos reunidos alrededor de una mesa y la más vulgar ocupación disfrazada de indiferencia:La madre del dios que nacerá dentro de poco es hoy una mujer sin rostro, aunque a veces creemos adivinarla por la calle tan agitada y distraída como todo el mundo, y se diría que olvidada de sí misma. Inmersa en un tiempo feroz que odia todo lo que merece perdurar, María borra sus huellas y se mezcla con la multitud para pasar inadvertida por el ángel. Si su hijo nace entre nosotros, aún veremos imágenes que le ilustren como profeta, luchador o víctima. No ha cambiado tanto la figura del héroe que quiere torcer el mundo y sólo consigue que le tuerzan el cuello. Pero de ella no. Nadie se atreve a imaginarla. Hace unos años lo intentó Godard y las turbas le quemaron el cine aterradas ante el aspecto que presentaba, en nuestros días, la muchacha que acepta parir un dios sabiendo que van a asesinarlo.
Es la felicitación navideña de hace un par de años, una cita de Félix de Azúa que guardo en el cajón de los tesoros como si fuera un diamante. En realidad, siempre que puedo me gusta compartirla con los amigos; en cuanto puedo abandona el cajón de los tesoros y contempla la luz del mundo y la fuerza magistral del mundo. A fin de cuentas, se trata de un dios que nace todos los años; es decir, que está naciendo ahora, en este preciso momento; de un dios que nace todos los días. No hay más que ver la sonrisa de María para comprenderlo, su temor y también su desamparo. ¿Por qué no? La amenaza que vuela sobre su cabeza es también nuestra amenaza; su vértigo es también nuestro vértigo; la grandeza de su desnudez es también nuestra grandeza. A su alrededor brillan las estrellas de los secretos y el agua luminosa de los descubrimientos; tiemblan los amantes; sueñan, despiertos, los pájaros. Las primeras palabras que escucha, cuando despunta el alba, son las mismas palabras que, hace tiempo, entregó con su ejemplo uno de los maestros:
Mira allá, aquella raya negra en el mar, brillante como el aceite. Esas sombras de árboles en aquellos cañaverales. En cada lugar que tus ojos miran se esconde un Dios. Y si no está, dejó marcas de su sagrada presencia.
Los caracteres de la religiosidad, incorporados al laicismo. La felicitación navideña de Pier Paolo Pasolini:
La humanidad de Cristo está impulsada por tanta fuerza interior, por tan irreductible sed de saber y de verificar el saber, sin temor a escándalo ni a contradicción, que, para ella, la metáfora divina se halla en el límite de lo "metafórico", hasta llegar a ser idealmente una realidad.
No basta con aplicar la lógica; en realidad, no la contradice. Estamos ante la descripción de un acontecimiento real en la vida del hombre. Acaba de nacer (o eso nos dicen) y vuelve a encontrarnos ocupados, demasiado ocupados, distraídos como idiotas. Ayer, a estas alturas, desde la más rigurosa incredulidad, todo esto no iba con nosotros. A Wittgenstein, en cambio, le parecía espléndido, sublime, ese tender al absoluto; pero siempre dirigió la mirada a las cosas terrenas (a menos –decía- que "Dios" me "visite"). La ciudad es el lugar de los asuntos terrenales y el ángel, extraviado, espera una señal para incendiar nuestras cabezas; no hay tiempo que perder: los Grandes Almacenes, mañana, comienzan las rebajas.
Movimientos del pensar, en Ludwig Wittgenstein:
En la civilización metropolitana, el espíritu sólo puede quedarse arrinconado. Pero no es en modo alguno algo vetusto o superfluo, sino que como un (eterno) testigo se mantiene suspendido sobre los escombros de la cultura, casi como vengador de Dios. Como si esperase una nueva encarnación.
Una nueva encarnación. Un ángel que anuncie entre miserias la llegada imprevista de un amigo (de un "dios" –al fin- que me "visite").
En el fondo, ¿por qué no?: podrías ser tú mismo.
Desde la más rigurosa incredulidad, desde los cuerpos reunidos alrededor de una mesa y la más vulgar ocupación disfrazada de indiferencia.
25/12/2004 02:35 #. Hay 6 comentarios.



